Flock Safety: las cámaras que siguen tu matrícula pierden apoyo en Estados Unidos

Flock Safety tu matricula te delaja

Sales de casa, pasas por una rotonda, aparcas cerca del trabajo y vuelves por otra carretera. Puede que no hayas cometido ninguna infracción. Aun así, varias cámaras pueden haber registrado tu matrícula, la hora y el lugar por el que circulabas. Juntos, esos registros dibujan parte de tus movimientos.

En Estados Unidos, una de las empresas que vende esta tecnología se llama Flock Safety. El 9 de octubre de 2026, Reuters informó de que la compañía planea despedir a unos 270 trabajadores, alrededor del 18 % de su plantilla, en medio de una creciente oposición ciudadana y política a sus cámaras. La información procede de fuentes anónimas y Flock declinó comentarla; tampoco está demostrada una relación causal entre protestas y despidos.

Lo interesante para Sal de la Matrix está detrás del anuncio laboral: ¿cómo hemos llegado a normalizar que una red de cámaras pueda registrar los desplazamientos de conductores que no son sospechosos de nada? ¿Quién consulta después esa información?

Qué es Flock Safety y qué registran sus cámaras

Flock Safety es una empresa estadounidense fundada en 2017 que vende cámaras y software a cuerpos policiales, empresas y comunidades. Su producto más conocido son los lectores automáticos de matrículas, llamados ALPR por sus siglas en inglés. Reuters calcula que su red cuenta con unas 120.000 cámaras repartidas por 49 estados y que presta servicios a más de 4.800 agencias policiales y cerca de 1.000 empresas.

Las cámaras capturan imágenes de vehículos y matrículas, junto con datos como el momento y el lugar de paso. El software permite localizar coincidencias con matrículas buscadas o consultar registros anteriores, según los permisos y la configuración del cliente. Según Flock, sus lectores no realizan reconocimiento facial: leer una matrícula no equivale a identificar al conductor.

Una fotografía aislada y miles de fotografías conectadas

Que una cámara vea tu coche pasar por una calle parece poca cosa. El cambio llega cuando muchas cámaras registran matrículas durante días y una herramienta permite buscar coincidencias entre distintos puntos. Un investigador podría reconstruir parte de los recorridos de un vehículo sin haberlo seguido físicamente.

La matrícula identifica un vehículo, no demuestra quién conducía. Pero un historial de ubicaciones puede revelar visitas a centros médicos, domicilios o lugares de culto.

Por qué una empresa valorada en miles de millones está bajo presión

Flock ha recaudado más de 950 millones de dólares de inversores y su última ronda conocida la valoró en unos 7.500 millones. La compañía presenta sus herramientas como una ayuda para localizar vehículos robados, investigar delitos y encontrar personas desaparecidas. Esos usos pueden ayudar en investigaciones.

Pero el despliegue masivo también ha generado una reacción poco habitual: críticas desde organizaciones de derechos civiles, responsables locales y políticos de diferentes tendencias. Una encuesta Reuters/Ipsos publicada este año encontró que el 47 % de los estadounidenses se oponía a utilizar estas cámaras en su comunidad, frente al 38 % que las apoyaba.

La oposición tiene consecuencias concretas. En septiembre, Florida decidió retirar los permisos de lectores automáticos de matrículas instalados en carreteras estatales y frenar nuevas autorizaciones en esas vías. Eso no significa que haya prohibido todas las cámaras de Flock en todo el estado.

La pregunta incómoda: quién comparte los datos con quién

El principal conflicto no consiste únicamente en grabar matrículas. También importa la posibilidad de consultar registros captados por otros organismos y compartir información entre jurisdicciones. Conectar varias ciudades multiplica el alcance.

La Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) participa en un litigio sobre lectores de matrículas utilizados por la policía de Norfolk, en Virginia. Su argumento es que la acumulación de puntos de localización puede permitir una vigilancia retrospectiva de personas que nunca estuvieron bajo sospecha. El procedimiento sigue abierto: no hay una sentencia que haya prohibido toda la tecnología.

El debate sobre inmigración y el acceso federal

Las dudas aumentaron con informaciones sobre consultas de datos vinculadas a investigaciones migratorias. Flock niega trabajar directamente con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y sostiene que este organismo no dispone de acceso directo general a su red. Según su explicación oficial sobre ICE, las agencias locales son propietarias de sus datos y deciden si los comparten con otras instituciones, dentro de los límites legales.

La empresa afirma además que el intercambio con agencias federales está desactivado por defecto, que existen filtros para determinadas búsquedas y que las consultas dejan registros de auditoría. El control local tampoco elimina el riesgo de accesos indebidos o intercambios desconocidos por los vecinos.

En nuestro artículo sobre ImmigrationOS y la tecnología aplicada a las deportaciones explicábamos cómo distintas fuentes de información pueden acelerar procesos administrativos. Son productos distintos; comparten la capacidad de convertir datos dispersos en herramientas operativas.

Algo parecido discutimos al analizar el cruce de datos electorales del Gobierno estadounidense: la utilidad administrativa de conectar registros no elimina los riesgos de errores, usos secundarios y decisiones difíciles de impugnar.

¿Cuánto tiempo conserva Flock una matrícula?

Aquí también conviene mirar la fecha de la documentación. Durante años se habló de un plazo habitual de 30 días. Flock asegura que ha reducido a siete días el periodo predeterminado recomendado para sus lectores de matrículas. Pero advierte de que la conservación efectiva depende del contrato, la configuración del organismo y la normativa aplicable. No se puede afirmar que todas las cámaras borren siempre las imágenes a los siete días.

Flock afirma que el borrado es automático y que no vende datos. Sus críticos recuerdan que incluso un plazo corto permite investigar desplazamientos. La cantidad de puntos registrados importa tanto como los días de almacenamiento.

El Senado ya ha llevado estas cámaras a una audiencia pública

El 23 de septiembre, una subcomisión del Senado estadounidense celebró una audiencia sobre la red de vigilancia mediante lectores automáticos de matrículas. La ACLU anunció la participación de su especialista Chad Marlow y recordó denuncias por usos indebidos, detenciones erróneas y consultas ajenas a investigaciones legítimas.

La organización de derechos civiles afirma que más de 200 ciudades habían terminado contratos con Flock u otros proveedores de lectores de matrículas desde comienzos de 2026. Es una cifra comunicada por la ACLU, no una auditoría independiente de todos los contratos.

Flock, por su parte, insiste en que sus cámaras contribuyen a resolver delitos y que ha reforzado las restricciones, la autenticación y los controles de acceso. La cuestión es cómo auditar esas garantías de forma independiente.

¿Qué tiene de inteligencia artificial esta vigilancia?

El término IA aparece continuamente en las presentaciones comerciales, pero conviene concretarlo. Los lectores automáticos emplean visión artificial para extraer información de imágenes de vehículos y facilitar búsquedas. Eso no implica que un chatbot tome decisiones policiales.

En nuestro análisis sobre Palantir y la conexión de bases de datos ya vimos que el poder de estas herramientas puede proceder de relacionar registros y acelerar consultas. En el caso de Flock, la escala de la captura y la facilidad de búsqueda son tan importantes como la etiqueta de inteligencia artificial.

¿Y en España pueden instalar cámaras parecidas?

Las normas estadounidenses no se trasladan directamente a España. Aquí la captación de matrículas y las cámaras en espacios públicos deben ajustarse al marco aplicable de protección de datos y videovigilancia, con reglas específicas según quién las instale y para qué finalidad. La presencia de IA tampoco elimina las exigencias de necesidad, proporcionalidad y transparencia.

El 6 de octubre, la Agencia Española de Protección de Datos informó de advertencias preventivas a dos ayuntamientos cuyos proyectos incluían análisis automatizado de imágenes. En uno se contemplaba reconocimiento facial y en otro búsquedas de personas por rasgos de apariencia. Son tecnologías distintas, pero la advertencia importa: que una cámara traiga una función incorporada no justifica activarla sin evaluar su necesidad y sus riesgos.

Qué puedes preguntar si aparecen cámaras nuevas en tu municipio

Si ves un proyecto de este tipo en tu localidad, puedes consultar la información pública de contratación y preguntar al ayuntamiento qué finalidad tiene, qué datos recoge, durante cuánto tiempo los conserva y qué organismos pueden acceder a ellos. Pregunta también por la evaluación de impacto, cuando sea exigible. Si crees que se están tratando tus datos sin las garantías necesarias, la AEPD explica cómo presentar una reclamación.

La matrícula nunca fue un secreto; el recorrido completo es otra historia

El anuncio de posibles despidos en Flock no demuestra que el negocio de las cámaras vaya a desaparecer. Sigue teniendo miles de clientes y defensores de su utilidad policial.

Pero la resistencia pública obliga a discutir algo que durante años se presentó como una simple mejora de seguridad: registrar millones de trayectos ordinarios para poder investigar unos pocos delitos. Una matrícula es visible para cualquiera que esté en la calle. Que miles de cámaras puedan recordar dónde estuvo durante días, buscarla después y cruzar registros entre ciudades es una capacidad bastante diferente.

Antes, seguir a alguien exigía tiempo y personal. Ahora puede bastar con escribir una matrícula. Falta decidir cuánto debería costar, legal y políticamente, hacerlo.

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