Abres una red social y aparece una persona conocida hablando a cámara. Reconoces su cara, escuchas su voz y la frase te deja con la boca abierta. Hay un detalle que quizá no ves hasta el final: esa persona nunca pronunció esas palabras. La escena ha sido fabricada con inteligencia artificial.
El 23 de octubre de 2026, la polémica por varios vídeos difundidos por el Partido Popular dio un salto a los tribunales. La exmilitante socialista Leire Díez presentó una querella por una pieza que utilizaba su imagen y voz para atribuirle una supuesta confesión delictiva. El PP defiende sus vídeos como parte de la crítica política y la sátira.
La noticia llega con las elecciones generales españolas convocadas para el 29 de noviembre. En Sal de la Matrix seguimos cómo se construye lo que vemos en las pantallas. Esta vez la pregunta es especialmente incómoda: ¿cómo distinguir un argumento electoral de una actuación que nunca existió?

Qué vídeos ha publicado el PP y por qué hay polémica
Hay que distinguir varias publicaciones. Según la información de RTVE del 23 de octubre, el PP difundió vídeos elaborados con IA en los que aparecían versiones sintéticas de figuras vinculadas al PSOE, entre ellas Begoña Gómez, José Luis Rodríguez Zapatero y José Luis Ábalos. Las piezas aludían a controversias e investigaciones políticas y judiciales.
Otra publicación, difundida el 21 de octubre, mostraba una recreación de Leire Díez atribuyéndose la contratación de matones para apartar a una jueza. Se trata de una afirmación puesta en boca de un personaje generado con IA, no de una confesión auténtica ni de un hecho demostrado. Repetirla sin esa aclaración sería contribuir al mismo problema que analizamos.
La querella de Leire Díez
El viernes 23, Díez presentó una querella ante la Audiencia Nacional. Según el despacho de EFE, acusa al PP de presuntas calumnias con publicidad, delitos contra la integridad moral y suplantación de identidad digital. También solicita retirar el vídeo.
La defensa sostiene que la publicación ha causado perjuicios personales y familiares. En el escrito se mencionan más de 21 millones de visualizaciones en 16 horas, pero esa cifra procede de la querella y no de una auditoría independiente. Presentar la denuncia tampoco significa que un tribunal haya aceptado sus argumentos o declarado ilegal la grabación.
Qué responde el Partido Popular
Alberto Núñez Feijóo defendió el 23 de octubre las publicaciones de su partido. En declaraciones recogidas por RTVE, sostuvo que también él ha sido objeto de vídeos similares y criticó la reacción del Gobierno. Se hizo responsable de los contenidos difundidos, aunque afirmó que no conocía previamente una de las piezas.
El argumento político de fondo es que la parodia y la sátira forman parte de la libertad de expresión, especialmente cuando se cuestiona a dirigentes públicos. Esa protección existe y es importante. Pero el debate cambia cuando una recreación audiovisual pone en boca de alguien una acusación penal concreta que nunca formuló.
Una cosa es caricaturizar; otra, fabricar una declaración
La sátira política lleva siglos exagerando gestos, imitando voces y poniendo frases absurdas en boca de personajes públicos. Antes bastaban una peluca y un buen imitador. La IA permite ahora copiar rasgos faciales y timbres de voz con una apariencia mucho más convincente, incluso sin actores.
El riesgo aumenta cuando el vídeo se parece a una grabación auténtica, circula separado de su contexto y llega a una persona que desconoce la broma. Un fragmento reenviado por WhatsApp puede perder la etiqueta original. Y el familiar que lo recibe quizá solo vea a alguien que parece admitir un delito.
La ley europea ya exige avisar cuando un vídeo es sintético
Desde el 2 de agosto de 2026 se aplican las obligaciones de transparencia del artículo 50 del Reglamento europeo de Inteligencia Artificial. La Comisión Europea explica que los responsables de difundir determinados contenidos audiovisuales sintéticos deben comunicar de forma clara que han sido generados o manipulados.
La norma contempla un tratamiento específico para obras evidentemente satíricas, artísticas o ficticias. En esos casos se mantiene la obligación de informar, pero de una forma compatible con el disfrute de la obra. Por tanto, no basta con decir que «todo deepfake está prohibido», ni es correcto afirmar que basta cualquier etiqueta minúscula para cumplir siempre.
¿El vídeo del PP incumple esa norma?
No hay una resolución pública que permita afirmarlo. Varios medios señalan que algunas piezas incluían una advertencia sobre su creación con IA, aunque discuten su visibilidad. Para evaluar un caso concreto hay que examinar la grabación, su contexto y cómo se presenta el aviso al espectador.
Además, la discusión legal sobre honor y calumnias es distinta de la obligación de etiquetar IA. Un vídeo podría estar identificado como sintético y seguir provocando una controversia jurídica por su contenido. También puede ser ofensivo y, aun así, estar amparado por la libertad de expresión. Decidirlo corresponde a los tribunales.
Las elecciones convierten estos vídeos en algo más que un meme
La campaña española tiene una fecha próxima: el 29 de noviembre. Cada partido intenta movilizar a sus votantes, marcar la conversación y desgastar al adversario. Los vídeos sintéticos ofrecen una ventaja evidente: permiten producir escenas que ningún político grabaría voluntariamente, con un coste muy inferior al de una producción tradicional.
En nuestro análisis sobre Meta y las elecciones en Brasil abordamos quién decide la distribución de los mensajes políticos. Aquí aparece el otro extremo de la cadena: quién fabrica esos mensajes y cómo reconoce el público que son ficticios. La plataforma decide qué recomendar, pero la responsabilidad del contenido empieza por quien lo crea y publica.
Millones de reproducciones no son millones de votantes convencidos
Las cifras de visualizaciones sirven para medir circulación, aunque tienen límites. Una reproducción puede durar pocos segundos, una persona puede ver el mismo vídeo varias veces y los sistemas de conteo no son idénticos. Tampoco sabemos cuántos espectadores comprendieron que se trataba de una parodia.
Sin acceso a datos internos, no puede afirmarse que los algoritmos favorecieran deliberadamente al PP ni que estas piezas vayan a cambiar el resultado electoral. Lo que sí sabemos es que circulan en redes donde la atención, las reacciones y los reenvíos influyen en la visibilidad de los contenidos.
Es una dinámica relacionada con la burbuja de filtros. Quien ya desconfía de un partido puede compartir el vídeo porque le parece gracioso o porque confirma sus sospechas. Otra persona puede interpretarlo como una declaración auténtica. La misma pieza acaba cumpliendo funciones muy diferentes según quién la recibe.
¿Y los vídeos con IA de otros partidos?
La polémica no debería convertirse en una regla que solo se aplica al adversario. La información de estos días también recoge el uso de contenidos sintéticos por otras formaciones. La cuestión no es si el PP, el PSOE o Vox tienen derecho a hacer humor político: el criterio debería ser idéntico para cualquiera que fabrique imágenes o voces de personas reales.
Cómo detectar un vídeo político creado con IA
Empieza por localizar la publicación original. Comprueba si el autor la identifica como sátira, montaje o contenido generado con inteligencia artificial. No te quedes con un recorte reenviado: las capturas pueden eliminar el aviso, la fecha y las respuestas que aclaran qué estás viendo.
Después, busca si la supuesta declaración aparece en una entrevista, rueda de prensa o grabación completa de un medio fiable. Si el vídeo atribuye un delito a una persona, exige una prueba mucho mejor que un clip de diez segundos. La ausencia de movimientos extraños en los labios no demuestra que sea auténtico; los montajes actuales pueden resultar muy convincentes.
Una pista adicional es consultar verificadores como EFE Verifica, que recientemente comparó una grabación manipulada de una protesta en Madrid con el vídeo original. Esa comparación suele ser más útil que confiar ciegamente en un detector automático de IA.
Si descubres que has compartido una falsedad, corrige el mensaje donde la difundiste y envía el enlace a la comprobación. Borrar sin explicar puede dejar a quienes lo vieron con la impresión inicial. Y si alguien utiliza tu imagen para atribuirte declaraciones falsas, guarda pruebas y solicita asesoramiento antes de denunciar o reclamar la retirada.
La pregunta que llegará a las urnas
La querella de Leire Díez tendrá su recorrido judicial y el PP podrá defender el carácter satírico de sus publicaciones. Mientras tanto, la tecnología ya permite que cualquier formación ponga palabras inventadas en una cara reconocible. El espectador tiene que hacer un trabajo que antes no era tan habitual: comprobar si la persona del vídeo habló de verdad.
El 29 de noviembre habrá papeletas auténticas y votos que se contarán uno a uno. Antes de depositarlos, muchos ciudadanos habrán visto decenas de políticos hablando en una pantalla. Lo curioso será averiguar cuántos de esos discursos llegaron a pronunciarse.



